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Montevideo, el barrio Bella Vista y el fútbol uruguayo ya estaban grandes en 1920, cuando en el corazón de una de las zonas más populosas de la capital nació un nuevo club. Debido a ello a la novel institución no le dieron margen para el aprendizaje ni para fallar en algún intento de su etapa de crecimiento. Tuvo que salir a demostrar que nació para marcar la historia, para ser grande. Y fue grande, ¡gigante desde el primer día! Porque la historia de Uruguay se escribió en oro y blanco, de Bella Vista.

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Al finalizar la segunda década del siglo pasado Uruguay superaba el millón de habitantes, la capital concentraba más de la tercera par­te y se consolidaba en el mundo por su economía, que reflejaba un claro síntoma de progreso y creci­miento.

La populosa zona de Bella Vis­ta también maduró y se desarrolló después de 1869 con la inaugura­ción del primer sector de la vía fé­rrea que unía estación Bella Vista (actualmente Lorenzo Carnelli) con Las Piedras; el traslado a fines del siglo XIX de una parte de los talle­res de Peñarol y la inauguración de la capilla y el colegio San Francisco de Sales en octubre de 1907, lo que en suma conllevó a la necesidad de tener sus propios representantes en las lides deportivas.

El fútbol uruguayo acompaña­ba el exitoso viaje y festejaba tres décadas de actividad muy precaria a principios de 1890 y organizada desde el nacimiento de la Asocia­ción Uruguaya de Fútbol (AUF) -el 30 de marzo de 1900-, con una permanente evolución.

A través de sus dirigentes, la AUF, que desde la temporada 1910 impuso el glorioso color cielo en la camiseta, fue promotora e ideóloga de la actual Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF), que surgió en 1916 para desarrollar una competencia continental entre sus afiliados.

A esa altura del Siglo XX cuando -en su peluquería de la calle Agra­ciada- Vicente Zibechi comenzó a dar los primeros impulsos para con­cretar el nacimiento de un nuevo club de fútbol en el barrio Bella Vista, la AUF ya había consagrado a 19 campeones y la selección feste­jaba en los primeros días de octu­bre de 1920, en Chile, la conquista de la tercera Copa América (antes había ganado las de 1916 y 1917).

Pese a que ya surgía ganador e invencible el fútbol uruguayo (entre 1916 y 1920 conquistó tres de las cuatro ediciones de la Copa América en las que ganó nueve partidos, empató dos y perdió uno, anotó 31 goles y recibió ocho), a la AUF le faltaba el salto de calidad, que sólo se lo dio el nacimiento de Bella Vista, cuna de José Nasazzi y otros grandes cracks que llevaron a la celeste al pedestal del mundo.

El nacimiento

A la izquierda: El Sacerdote del Maturana, Marino Guerra (centro) junto a los fundadores del Club.
A la derecha: Uno de los primeros equipos de Bella Vista.

El 3 de octubre de 1920 la selec­ción fue campeona en el Sudame­ricano de Chile después de vencer a Argentina por 1 a 0. Dos días des­pués, y tras un recibimiento apoteósico -con más de 7.000 personas que acompañaron al plantel-, la delegación fue reconocida en el puerto y los dirigentes le brindaron una cena homenaje en el Parque Hotel. Esa misma noche, cuando se retiraba de la interminable velada, Marroche, uno de los integrantes del plantel celeste -que más ade­lante vistió la blusa auriblanca-, denunció el robo de la medalla de oro que la AUF le habia entregado como reconocimiento a su aporte al fútbol.

Fue también el mes de los Jue­gos Olímpicos de Amberes, en los que por primera vez participaron mujeres. Tiempos en los que se promocionaba en los diarios El Pla­ta (año VI, edición 2462) y El País (año III, edición 707) la venta del automóvil Chalmers de seis cilin­dros, 23 caballos de fuerza, Mag­neto Bosch, carburador Stromberg y ruedas de alambre, entre otras ventajas, o en los que se publicitaba a la cerveza negra concentrada de Cervecería Uruguaya SA, o de Extra Scout Uruguaya, como bebi­das que “producían un saludable bienestar”.

En tanto, el barrio Bella Vista vivía una revolución. Algo histórico movía las raíces.

El nuevo club iba tomando for­ma. En la Sociedad Recreativa el Moscón, en la que los muchachos se encontraban para desarrollar actividad social, en la Fonda Fran­cesa de Uruguayana y Larrobla de la familia Millán, adonde iban a co­mer los vecinos del barrio y donde se realizó la primera reunión de directiva, o en la peluquería de Zibechi (uno de los tres hermanos futboleros, el más destacado jugó en Nacional y la selección con la que fue campeón de América y el otro actuó en Wanderers hasta que surgió Bella Vista), creció la semi­lla que dio origen a la gloriosa ins­titución papal.

La madrugada del 4 de octubre, como anuncio de algo histórico que se avecinaba, fue especial en Mon­tevideo. Publican los diarios de la época que voló todo, con vientos de más de 100 kilómetros y lluvias intensas que dañaron 1.000 teléfo­nos y dejaron cables tendidos en todas partes, como consecuencia de un brusco cambio climático que había elevado el termómetro a los 24° de la escala Celsius.

El mismo día del temporal que azotó Montevideo se reunieron los muchachos del barrio para crear el club, en el que de alguna forma ya participaban cuando se reunían para jugar al fútbol.

"A los cuatro días del mes de octubre de 1920 reuniéndose en asamblea convocada por los Sres. Ramón M. Salgado, Vicente Zibechi y Félix Nario en casa del Sr. Manuel Millán; con el objetivo de formar una entidad-footbollística en el Ba­rrio ‘Bella Vista’; (1) (un grupo nu­meroso de personas) y después de una hora de cambio de ideas quedó constituido dicho Club el cual lle­vará por nombre el de ‘Club Atléti­co Bella Vista".

Acto seguido pasó a nombrar­se una comisión provisoria cuyo número se establece que debe ser de doce personas, recayendo el nombramiento en los siguientes señores: Sres. Don Ramón M. Sal­gado, Vicente Zibechi, Félix Nario, Manuel Millán, Alberto Longobardo, Antonio Puppi, Orestes Zibechi, Juan Arago, Antonio Urroz (hijo), Guillermo Longobardo, Carlos Heuguerot y Ramón Orlandi.

Una vez terminado este nom­bramiento se levanta la sesión, reuniéndose los miembros de la co­misión designada; con objeto de la distribución de cargos, distribuyén­dose de la siguiente manera: Presidente: Sr. Ramón M. Salga­do. Vicepresidente: Vicente Zibe­chi. Secretario: Sr. Félix Nario. Se­cretario de actas: Sr. Antonio Urroz (hijo). Tesorero: Sr. Manuel Millán. Protesorero: Alberto Longobardo. Vocales: Sres. Antonio Puppi, Car­los Heuguerot, Orestes Zibechi, Guillermo Longobardo, Ramón Orlando y Juan Arago. Por moción del Sr. Vicente Zibechi, acordóse que la cuota a pagar por los socios sería de $ 0,50 como ingreso y de $ 0,25 la cuota mensual.

Se resuelve pasar a estudio los colores de que debe estar consti­tuida la camiseta del cuadro”. Fir­man el acta: Ramón M. Salgado y Antonio Urroz.

De pronto el sueño de la barria­da, alimentada por el padre Marino Guerra -de la congregación Salesiana que el 13 de octubre de 1907 inauguró el colegio Maturana-, ya tenía forma y entonces sucedieron una andanada de hechos que mar­caron rápidamente el crecimiento del club.

La cancha, la camiseta, los triunfos y los ascensos le hicieron trascender de la zona. La fama de gran equipo del conjunto Papal, de­nominación que se le adjudicó por la similitud de colores con los de la Santa Sede, ya no tuvo límites.

Acta de fundación de Bella Vista del 4 de octubre de 1920.

Tras la primera reunión de di­rectiva, los presididos por Salgado pidieron a los jóvenes del barrio que se comprometieran con el club y expresaran sus intenciones de defender a la Institución. En los úl­timos días de octubre Horacio Arti­gas, José Nasazzi, Alberto Melogno, Jerónimo Galli, Teodoro Migliarini, Vicente Batto, José Álvarez, José Sacone, Ángel Rojo, Julio A. Díaz, Héctor Crespi, Juan A. Tramansague, Francisco Orlando, Jerónimo Burghi, Atilio Lance, Juan Valverde, Ramón Valverde, Juan Antonio Burghi, Carlos A. Sena, Adolfo Rossi, Ángel Melogno, José M. Echeva­rría, Eduardo Payean, Juan Graves, Mario Artigas, Daniel Cardano y Juan Duque, firmaron el compro­miso de defender al Club Atlético Bella Vista.

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